Colombia recordando un viaje que genera nostalgia

Dando de comer a las palomas Bogotá Colombia

Hoy viajo al pasado para recordar una aventura a la querida Colombia que nos trató tan extraño a pesar que la disfrutamos.

Deben saber que esto sucedió hace más de 13 años, no teníamos experiencia viajando, era nuestra primera salida fuera del país y lo hicimos por tierra.

En cuanto a las fotos, en esa época no era precisamente muy bueno tomándolas, ni tenía una cámara que me permitiera la flexibilidad de hoy. Por lo tanto disculpen por las tomas.

Colombia, nuestra historia inicia

Es una couster grande, no logra el título de bus pero tampoco se le puede discriminar, es cómoda y podemos ir sentados el trayecto que une Tulcán con Ipiales.

Dejamos Ecuador a ritmo de vallenatos y hacemos un recorrido corto de unos 20 minutos. El paso por la frontera sin mayor inconveniente.

Los paisajes que recuerdo son gratos, mucha vegetación y carreteras en muy buen estado. La gente es amable y conversadora, nos ofrecen posada sin haberlo pedido.

Se siente bien estar en tierras colombianas aprendiendo de la gente y su cultura, aunque hablan más que nosotros los peruanos, suerte que el trayecto es solo de 20 minutos.

 

Ipiales

En épocas donde la información no estaba al alcance de forma rápida como hoy, me arrepiento de no haberme quedado al menos un día completo por descubrir por ejemplo el Santuario de Las Lajas.

Nuestro objetivo era llegar de día a Cali para buscar con calma un hotel y poder descubrir algo de la noche caleña. Probablemente de haber sabido donde terminaríamos habría planteado quedarnos en Ipiales.

Colombia no se un país tan complicado para cruzar de extremo a extremo, buscamos el terrapuerto local y compramos unos asientos en el bus.

Dejamos Ipiales atrás y atravesamos Pasto y Popayán, nuestro destino está a casi 12 horas en bus y lo disfrutamos conociendo la ruta. Otras voces nos hablan y seguimos descubriendo el país

 

 

Cali

Convencidos de la hospitalidad, pedimos a un taxista que nos oriente, si, que inocente no?, ya pare ese entonces no debíamos pensar así, pero lo hicimos.

Terminamos en el barrio de San Antonio, un lugar que inicialmente nos pareció pintoresco y como ya era tarde no se apreciaba como era en realidad.

El buen hijo de la providencia de taxista nos recomendó con creces el lugar, nos explicó lo turístico y accesible que resultaba al resto de la ciudad y nos dejó en la puerta de un hostal que no parecía verse mal.

Como buenos mochileros y escasos de recursos para arriesgar a buscar otro lugar, aceptamos la recomendación. La recepción como cualquier hostal de paso fue directa y con pago adelantado y en efectivo.

Caminando por el barrio

Aquella noche salimos a caminar por el barrio, música en las calles y gente caminando a prisa de un lado a otro nos presentaba una Cali nocturna y pachanguera.

Llegamos calles arriba hacia un hermoso parque, inmenso y lleno de jóvenes tomando, conversando y escuchando música. La vista de la ciudad era increíble.

La bruma y la humedad nos despertaron temprano, algunos gritos provenientes de alguna habitación cercana nos alertaron que debíamos salir a ver que estaba sucediendo.

Grande fue mi sorpresa al ver que el hotel estaba a medio construir, la parte trasera era casi inexistente y los huéspedes que gritaban, eran aparentemente inquilinos perpetuos en estos barrios que uno aprende a evitar.

No sé, hasta el día de hoy si era o no peligroso, a ver si algún caleño puede decirme si diez años atrás lo era. Pero si no fuera por el parque y la buena vibra nocturna, el lugar daba miedo.

Barrio de San Antonio Cali

 

Descubriendo cosas lindas

Dos lugares que recuerdo con cariño en Cali fueron la visita a la Iglesia La Ermita, en el centro mismo de la cuidad que tenía unas vistas impresionantes.

Iglesia La Ermita Cali

 

Lo otro por su puesto la comida en el restaurante Simon Parrilla, descubriendo la picada, el chorizo antioqueño, la arepita paisa y otros manjares.

Simon Parrillas Cali

Debo contarles que este viaje mochilero lo hicimos acompañados de mi suegra que quería viajar con nosotros y lo que mas recuerdo es que sus momentos más felices fueron cuanto parábamos en un restaurantes.

Supongo que no esperaba caminar tanto y cargar mochila al hombro como buen viajero. Pero aguantó estoicamente y solo la veía doblegarse cuando estirábamos los tiempos para comer.

Pati y su mami esperando la comida

 

Bogota

Dos días en Cali y el tercer partimos hacia Bogotá. Tomamos un bus luego de una larga caminata buscando el terrapuerto. Creo que esta fue la vez que más rostros conocí de mi suegra.

Por fin llegamos y pudimos acomodarnos para viajar hacia Bogotá. Ocho horas veinte después de haber partido estábamos llegando a la capital de Colombia.

Al bajar del bus un nuevo hijo del destino nos abordó. Este bogotano era más experimentado y nos leyó la inocencia a leguas de distancia.

Aspirante a  jefe de la mafia nos supo enredar con sus palabras, sus consejos amigos y sus recomendaciones para disfrutar de la ciudad.

 

El hospedaje

Tomando la iniciativa, esta vez solicitamos ir a un hotel cerca del centro histórico para evitar desplazarnos tanto y poder conocer con mayor facilidad esta zona de la ciudad.

El taxista nos llevó hacia la zona de los Mártires justo hacia el noroeste de la Plaza Bolívar. En cierto modo era cierto que estábamos a cuadras de la plaza, pero en una zona de prostíbulos y comercios ambulatorios que poco ofrecían de bienestar.

Media vuelta y a buscar otro lugar, es que en realidad estábamos a punto de preguntarnos si lo hacían al propósito. El taxista pidió disculpas y nos llevó a otro punto menos ajetreado pero igual de cerca del centro.

En la puerta del hotel y para compensar su error nos ofreció cambiarnos dólares por pesos a un tipo de cambio preferencial.

Ya lo sé, en ocasiones pienso que mi deseo de confiar en las personas obnubila mi capacidad de identificar cuándo me están timando. Luego sabrán lo que pasó.

Descubriendo Bogotá

La pintoresca Iglesia Nuestra señora del carmen es un pequeño objeto fuera de lugar pero que resalta entre muros pasteles y menos coloridos.

Iglesia Nuestra Señora del Carmen

 

La Plaza Bolívar nos da la bienvenida con la Catedral primada de Colombia, el Palacio de Lievano, el Capitolio Nacional y el Palacio de justicia.

Todos rodeando la explanada de la Plaza que es realmente inmensa. Es aquí donde descubres el estilo de Colombia en su arquitectura clásica y tradicional.

Capitolio Nacional Bogotá Colombia

 

Palacio de Justicia Bogotá Colombia

 

Capilla del Sagrario Bogotá Colombia

 

Subiendo a Monserrate

Casi como una suerte de curiosidad adquirida, vemos monte y nos queremos subir. Caminando encontramos el Santuario de Monserrate y luego un poco más allá el teleférico para subir.

Camino a Funicular

Cada vez que veo estas fotos me da gusto saber que sigues siendo mi mejor compañera de viajes, que la aventura en nuestras experiencias solo nos hacen más fuertes.

Llegamos a lo alto y descubrimos que es un lugar más de peregrinos de fe, en esa época eramos aún creyentes en una sola forma de religión.

En Monserrate

 

Bogotá vista de Pati con el fondo del funicular

Descubriendo parques

La ciudad con su típico color ocre en las paredes se ve por todos lados, en los días que llevamos en Bogotá hemos descubierto más de lo que esperábamos.

Me encantaría acabar el relato con esta sensación de paz y armonía que sentimos aquella tarde en ese parque, mientras rodeados de palomas nos sentíamos tan bien.

Dando de comer a las palomas

 

La despedida

Lastima que no pudo ser así. El tercer día estábamos contemplando comprar boletos rumbo a Medellín. Antes de eso, decidimos ir a un supermercado a comprar dulces y algunos recuerdos para no dejarlo pasar.

Cuando estábamos ya en la caja para pagar, decidí aprovechar de pagar en efectivo y utilizar el dinero que el taxista nos había cambiado.

En el momento en que pagué, una alarma se encendió, la cajera me indicó que el billete era falso y 4 policías aparecieron de la nada y comenzaron a interrogarme.

Después de una ardua explicación de los hechos y luego de ir acompañado por ellos a una oficina autorizada para cambiar dinero y volver para pagar la deuda, nos dejaron partir sin antes amenazarnos con detenernos.

Esta creo que fue la gota que derramó el vaso, cambiamos de planes, regresamos al hotel, armamos nuestras maletas y fuimos en busca del primer vuelo aéreo rumbo a Lima.

Mis anotaciones

No puedo negar que comí rico y conocí lugares interesantes, disfruté de la experiencia y estoy seguro de que con más experiencia hoy, volvería para descubrir mucho más.

Es una pena que a pesar de venir de un país tan parecido, llegara a pensar que no había al igual que en mi patria gente que siempre está atenta a quererse aprovechar.

Nos quedaron pendientes el norte y sus playas, espero que en algún momento podamos visitarlas. Por lo pronto, les puedo asegura que el extraño viaje a Colombia nunca lo olvidaré.

 

Disfruten su viaje.

Ricardo Ruiz:
Entradas Relacionadas